Muchos artículos hablan sobre como gestionar el maltrato escolar desde la perspectiva empática de la víctima. Es razonable que el primer impulso sea tratar de cuidar al acosado. No obstante, no debemos dejar de lado al acosador, pues es con el con quien empieza el problema.

En el presente post, vamos a conocer algunos de los motivos que llevan a un menor a convertirse en un acosador.

Cuidado con lo que el menor percibe.

Según la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, los niños aprenden conductas agresivas observando a sus adultos de referencia adultos. Estos son desde padres, hermanos o compañeros, hasta influencers. La clave para que el aprendizaje social se lleve a cabo, es que el adulto sea reforzado tras la conducta, es decir, que obtenga beneficios mediante la intimidación o la violencia. Cuando el niño observa que la agresión consigue respeto, obediencia o poder, aumenta la probabilidad de que imite ese comportamiento.

Frialdad, o desapego en la crianza.

La evidencia muestra que determinados estilos de crianza incrementan el riesgo de desarrollar conductas agresivas (Puedes leer el estudio aquí). Los principales factores son: disciplina excesivamente autoritaria, violencia intrafamiliar, escasa supervisión parental, negligencia emocional, baja calidez afectiva, o castigos inconsistentes. En cambio, la calidez parental, el seguimiento de la conducta y un estilo democrático actúan como factores protectores.

Problemas psicológicos.

Algunos agresores son niños cuya personalidad carece de empatía. Los modelos científicos y clínicos, no diagnostican a menores con un trastorno de la personalidad, ya que se considera que hasta los 18 años, la personalidad aun se está formando, pero si se puede asignar al menor es trastorno de conducta, cuando este tiene varios comportamientos recurrentes e intencionados, que generan consecuencias sociales nocivas y de las cuales no siente remordimientos.
En otros casos, nos encontramos con menores con problemas de control de impulsos, personalidad agresiva, o que han desarrollado trastornos comórbidos, a partir de sufrir acoso.
Lo positivo es que a esas edades es más fácil ayudar a la persona a integrarse socialmente, logrando que no mantenga dichas conductas más adelante.

Presión social, o pertenencia.

Algunos acosadores, comienzan su trayectoria por pura supervivencia. Sienten que si no atacan, serán atacados. En otras ocasiones, se trata de que el menor acosa a un compañero que otros ya acosan previamente, con el fin de que le integren en el grupo.

Mi hijo es un acosador.

Si crees que tu hijo está acosando a otros niños, es hora de ponerle solución. En la consulta de psicología Mayte Rodríguez, somos expertos en trabajar integrando a menores con problemas de conducta social. Te esperamos.