Muchos artículos hablan sobre como gestionar el maltrato escolar desde la perspectiva empática de la víctima. Es razonable que el primer impulso sea tratar de cuidar al acosado. No obstante, no debemos dejar de lado al acosador, pues es con el con quien empieza el problema.
En el presente post, vamos a conocer algunos de los motivos que llevan a un menor a convertirse en un acosador.
Cuidado con lo que el menor percibe.
Según la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, los niños aprenden conductas agresivas observando a sus adultos de referencia adultos. Estos son desde padres, hermanos o compañeros, hasta influencers. La clave para que el aprendizaje social se lleve a cabo, es que el adulto sea reforzado tras la conducta, es decir, que obtenga beneficios mediante la intimidación o la violencia. Cuando el niño observa que la agresión consigue respeto, obediencia o poder, aumenta la probabilidad de que imite ese comportamiento.
Frialdad, o desapego en la crianza.
La evidencia muestra que determinados estilos de crianza incrementan el riesgo de desarrollar conductas agresivas (Puedes leer el estudio aquí). Los principales factores son: disciplina excesivamente autoritaria, violencia intrafamiliar, escasa supervisión parental, negligencia emocional, baja calidez afectiva, o castigos inconsistentes. En cambio, la calidez parental, el seguimiento de la conducta y un estilo democrático actúan como factores protectores.
Problemas psicológicos.
Presión social, o pertenencia.
Algunos acosadores, comienzan su trayectoria por pura supervivencia. Sienten que si no atacan, serán atacados. En otras ocasiones, se trata de que el menor acosa a un compañero que otros ya acosan previamente, con el fin de que le integren en el grupo.
